Explore "Halma" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Retirose D. Manuel bien embozadito en su luenga pañosa, porque apretaba el frío, y meditabundo y un poco descontento de sí, por el camino se decía: «Esta doña Catalina es el demonio. ¡qué barbaridad! Quiero decir que es un ángel, un ser extraordinario. Ya no me queda duda. Tiene mucho más talento que yo, sabe más que yo, y descubre cosas que nadie ve, que si al principio parecen disparates, bien examinadas resultan con toda la hermosura y toda la grandeza de Dios. Cada día sale con una novedad. ¿Y qué ideas, Dios mío? ¿Qué me reservará para mañana?».
Esto decía, sintiendo un poquitín la humillación del maestro que se ve convertido en educando. Pero como era tan buena persona, y no dejaba entrar nunca en su alma la ruin envidia, y además estimaba cordialmente a la Condesa, en vez de enojarse neciamente por el gradual desgaste de su autoridad, se apropiaba las ideas de la discípula, y haciéndolas suyas las presentaba de nuevo en forma metódica y sistemática, con lo cual creía resultar a los ojos de ella, y aun a los suyos propios, como el verdadero inspirador, siendo en verdad el inspirado. Hombre flexible, creado para las adaptaciones sociales, y para aplicar y defender la santa doctrina según el medio y las ocasiones en que le correspondía actuar; bastante sagaz para conocer lo bueno donde quiera que saliese, y bastante práctico para saber aprovecharlo, obraba como obran siempre los caracteres de su complexión y hechura, no poniéndose frente a ninguna fuerza que creen útil, sino dejándose llevar por dicha fuerza, con tanto estudio y picardía en la postura, que parezca que la dirigen y conducen.