Explore "Halma" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Llegó poco después un señor eclesiástico, amigo íntimo de Flórez, D.
Modesto Díaz, que goza fama de predicador excelente, uno de los primeros de Madrid. Tres o cuatro veces al día iba a enterarse del estado del enfermo, a quien entrañablemente quería, pues se conocieron desde la infancia, y en Madrid vivieron luengos años en cordialísimas relaciones, aunque cada cual actuaba en esfera distinta dentro de lo eclesiástico, pues si Flórez era relativamente rico, y no tenía que discurrir para proveer decorosamente a la existencia, Díaz, obrero incansable, trabajó toda su vida propter panem. De joven, tuvo que ganarlo para su madre, y en edad madura crió y educo sin fin de sobrinos huérfanos, que debían de padecer hambre canina, según lo que el pobre cura bregaba para mantenerlos, pues él daba lecciones de latín y moral, en colegios y casas particulares, de retórica y poética en un instituto, traducía del francés obras religiosas para un editor católico, y con esto y la celebración y sus sermones, que llegaron a constituirle un ingreso de cuenta, salió el hombre adelante con todo aquel familiaje, y algo le quedaba para socorrer a un pobre.