Explore "Halma" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Por la tarde, Urrea y el mayor de los Borregos estuvieron dando vuelta a la tierra con el arado en una de las piezas de sembradura próximas a la casa. Nazarín y el Borrego chico regaron los plantíos nuevos de la huerta, a mano, con cubos y regadera, y después escardaron los bancales, que con los abundantes riegos de días anteriores, habían formado costra. Silencioso y atento a su trabajo, el clérigo no hablaba con su compañero más que lo preciso. Ladislao había ido a la fuente del monte, a traer la ropa lavada por Aquilina, y los chicos, después de dar la lección con Halma, se fueron a jugar con los nietos de Cecilio en el campo frontero a la casa de abajo. En la cocina se hallaba la Condesa, de mandil al cinto, fregoteando la loza, cuando Beatriz, que arriba trajinaba, bajó a anunciarle la llegada de los tres señores a caballo. «¡Ah!, no les esperaba tan pronto -dijo la dama, preparándose para recibirles decorosamente. Vienen como en son de capítulo o consejo. ¿No sabes a qué? Luego lo sabrás».
-Me figuro que será para que admitamos a las tres ancianas enfermas de Colmenar, que quieren venir a Pedralba. Yo creo que tendremos local, pasándome yo al cuarto de Aquilina.