Explore "Yolanda, la hija del corsario negro" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Las veinticuatro horas transcurrieron sin que llegase noticia alguna a la flota filibustera, que no había abandonado su fondeadero, y -lo que era peor- tampoco la chalupa había vuelto, a pesar de que el mar seguía sereno y en calma y el viento no había dejado de soplar.
Una profunda emoción se había apoderado de los quinientos corsarios que tripulaban la escuadra, pues temían que los españoles de Maracaibo no hubiesen respetado la bandera blanca enarbolada por la chalupa, cosa que ya en otras ocasiones había sucedido, y de lo cual no debían extrañarse, por estar fuera de la ley, a pesar de haber imaginado pasar por corsarios.