Don Juan Tenorio by José Zorrilla — Read

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DON JUAN: ¡Cielos! ¿Qué es lo que escuché? ¡Hasta los muertos así dejan sus tumbas por mí! Mas sombra, delirio fue. Yo en mi mente le forjé; la imaginación le dio la forma en que se mostró, y ciego vine a creer en la realidad de un ser que mi mente fabricó. Mas nunca de modo tal fanatizó mi razón mi loca imaginación con su poder ideal. Sí, algo sobrenatural vi en aquella doña Inés tan vaporosa a través aun de esa enramada espesa; mas., ¡bah!, circunstancia es ésa que propia de sombras es. ¿Qué más diáfano y sutil que las quimeras de un sueño? ¿Dónde hay nada más risueño, más flexible y más gentil? ¿Y no pasa veces mil que en febril exaltación ve nuestra imaginación como ser y realidad la vacía vanidad de una anhelada ilusión? ¡Sí, por Dios, delirio fue! Mas su estatua estaba aquí.

Sí, yo la vi y la toqué, y aun en albricias le di al Escultor no sé qué. ¡Y ahora sólo el pedestal veo en la urna funeral! ¡Cielos! La mente me falta, o de improviso me asalta algún vértigo infernal. ¿Qué dijo aquella visión? ¡Oh! Yo la oí claramente, y su voz triste y doliente resonó en mi corazón. ¡Ah! ¡Y breves las horas son del plazo que nos augura! No, no; de mi calentura delirio insensato es! Mi fiebre fue a doña Inés quien abrió la sepultura. ¡Pasad y desvaneceos; pasad, siniestros vapores de mis perdidos amores mis fallidos deseos! Pasad, vanos devaneos de un amor muerto al nacer; no me volváis a traer entre vuestro torbellino ese fantasma divino que recuerda a una mujer!

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