Las hijas de los faraones by Emilio Salgari

Explore "Las hijas de los faraones" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.

Entre las fiestas que celebraban los antiguos egipcios, una de las más originales era ciertamente la de los bebedores de vino de palma. Todos los años, centenares y centenares de personas se reunían bajo los palmerales para celebrar la llamada fiesta de Bast y era absolutamente obligado que nadie regresase a su casa si antes no se había consumido por completo la provisión de vino de palma recolectado durante el año. Es probable que los antiguos romanos hayan copiado de aquí sus famosas Saturnales, puesto que en aquellas fiestas del vino, permitidas por los Faraones, no faltaban ni músicos ni danzarinas, para exaltar con mayor vehemencia a los bebedores y hacerles perder intencionalmente sus cabales. Y en efecto, en la orilla, que la luna iluminaba plenamente, se reunían mezcladas con los hombres numerosas mujeres que vestían espléndidos trajes y que sostenían en sus manos instrumentos musicales. También ellas, que parecían muy alegres, invitaban a grandes gritos a los navegantes a que tomaran parte en la orgía y a vaciar las copas en honor de Bast.

Ata, después de explorar el banco de hierba para cerciorarse de su resistencia, descendió a su vez, acompañado por Mirinri, por Ounis y por ocho etíopes que llevaban en su cintura pesadas hachas y puñales de cobre de afiladísima punta. La travesía del sett la hicieron sin dificultad, al estar sujeto por las estacas plantadas por aquellos que tenían interés en detener la barca y alcanzaron la orilla entre los alegres gritos de los bebedores. Había unas doscientas a trescientas personas, entre hombres y danzarinas, que se movían sobre sus poco firmes piernas. Los hombres eran en su mayoría pescadores o bateleros, que vestían sencillos delantales de piel curtida, con algunas cintas de varios colores ceñidas a la cabeza o cayendo sobre sus espaldas, pero no faltaban entre ellos jóvenes de buena posición, que lucían los ricos kalasiris, con gorgueras almidonadas y pelucas en las cabezas con grandes trenzas colgando en sus hombros y con barbas finas. Destacaban también por la riqueza y buen gusto de su vestuario las tañedoras de instrumentos y las danzarinas, con espléndidos kalasiris de colores variados y ligeros como velos, con pañuelos de exquisita factura anudados en torno a la cabeza, pero de manera que permitían ver sus cabellos hermosamente peinados; con cintas ligadas en torno a su cintura, cuyos extremos llegaban hasta el suelo y con gargantillas de oro; los collares eran de perlas y los pendientes gruesos de forma redonda y esmaltados en varios tonos.

Reading navigation