La sucesión presidencial en 1910

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Una vez expuesto lo anterior, veamos cómo llevó á la práctica el Gral. Díaz estos principios generales para llegar a centralizar en sus manos la mayor suma de poderes que envidiaría el monarca más autocrático. Desde luego observamos en su gobierno el sello de la idea fija que le conocemos; desde que ocupó la silla presidencial, todos sus actos han tendido a asegurai su permanencia en ella; pero no ha ido a su objeto brutalmente y con audacia, sino que ha procedido con cautela suma, valorizando con calma la importancia, de los obstáculos que se atravesaban en su camino, los cuales procuraban mas que vencer, hacer a un lado. En cuanto a las personas que se oponían á su política, siempre ha principiado intentando seducirlas, ofreciéndoles puestos públicos de importancia, á proporcionándoles el modo de enriquecerse fácilmente; sólo con los irreducibles, con los que no han querido doblegarse y han rechazado toda capitulación, ha empleado el rigor: á unos los hizo abandonar el suelo patrio; otros lo abandonaron por si solos; algunos fueron nulificados, valiéndose para ello de una paciencia, de un arte en el que nadie le supera; por último, algunos, los menos por cierto, han desaparecido de la escena política, por medio de procedimientos cuya legalidad es muy discutible. Por este motivo se ha descrito gráficamente la política del General Díaz en dos palabras: «pan á palo,» y el notable tribuno y escritor, lug. Francisco Bulnes, la ha condensado en su célebre f ra se: "El minimum de terror y el maximum de benevolencia. " Esta hábil política, seguida con constancia, ha dado por resultado que todos los hombres de prestigio que podran hacerle alguna sombra y servir de guías al pueblo, han desaparecido del campo de la oposición para ir á engrosar las filas de los presupuestivoros; ó bien, decepcionados, se han retirado á la vida privada.

Como al General Díaz siempre ha importado que no se opongan á su política personal, ha sido sumamente tolerante en cuestiones de principios, y con los brazos abiertos recibe en sus filas a liberales y conservadores, empleando la política de conciliación con el clero, que ha dado muy buenos resultados en el sentido de borrar odios antiguos; pero en cambio, ha sido irreconciliable con quienes han seguido siendo partidarios del hermoso ideal por el mismo proclamado en el plan de Tuxtepec: la no-reelección.

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