Explore "Breve historia de la Revolución Mexicana" by Felipe Ávila on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al recibir a don Venustiano, el general brigadier Álvaro Obregón, jefe de la sección de Guerra del gobierno de Sonora, tenía 35 años y un discutible pasado revolucionario que hacía bastante precario el liderazgo militar que había ido afirmando mediante una sinuosa política de alianzas y, sobre todo, gracias a una serie de sorprendentes victorias en el campo de batalla. En ese momento, dentro del campo minado que era la política sonorense, el pequeño agricultor de Huatabampo se adelantaba a rivales, aliados y amigos. No se sabe de qué hablaron Carranza y Obregón, que se veían por primera vez, pero cualquiera que haya sido el diálogo, Carranza escuchó de Obregón la primera versión de los conflictos que dividían a los revolucionarios sonorenses, y tomó la decisión de cerrar con él una alianza que sería, como los mostrarían los acontecimientos posteriores, decisiva para ambos y para el destino de la revolución. Y en efecto, apenas pasados los festejos de bienvenida, el 27 de septiembre de 1913 Carranza nombró a Obregón comandante en jefe del Cuerpo de Ejército del Noroeste, con un mando militar que trascendía la geografía de Sonora, sólo equivalente, en ese momento, al de Pablo González en el Noreste.
¿Cuáles eran esos conflictos, que a los sonorenses se les hacían casi tan grandes como la guerra contra el gobierno federal? Cuando los poderes de Sonora se pronunciaron contra Huerta, el 5 de marzo de 1913, los rebeldes sonorenses tenían a su favor el tradicional aislamiento del estado, la prosperidad consolidada durante la eficiente administración del gobernador José María Maytorena y unas entusiastas tropas estatales, que sumaban más de 3 000 hombres, mandadas por jefes capaces y ambiciosos que rápidamente pusieron a los federales a la defensiva. En contra, los sonorenses tenían la escasa eficacia de un discurso incapaz de entusiasmar a las masas para una guerra revolucionaria, así como la virulencia de sus conflictos internos. Los argumentos para «liberar» a Sonora y «restaurar» su dignidad carecían de sentido para la gente común y no podían tomarse en serio los manifiestos «patrióticos» de lamentable prosa que empezaron a producir los jefes de la revolución en la entidad. En cuanto a los conflictos, tres grupos se disputaban ferozmente la hegemonía del movimiento: el de José María Maytorena, gobernador constitucional con licencia; el de Ignacio L. Pesqueira, gobernador interino; y el de los jefes militares, en el que si bien había importantes fisuras y rivalidades (sobre todo, la que enfrentaba a los todavía coroneles Álvaro Obregón y Salvador Alvarado), existía también un consenso de rechazo al grupo de Pesqueira y de decepción ante la vacilante actitud de Maytorena en los críticos días que siguieron al cuartelazo de la Ciudadela. Ninguno de estos tres grupos podía por sí sólo imponerse a los otros, de modo que voltearon fuera de Sonora, y en la primavera de 1913, la única alianza posible la constituía el señor Carranza.