Explore "Breve historia de la Revolución Mexicana" by Felipe Ávila on Textopian. Read with annotations and highlights.
A mediados del verano de 1914 las tropas constitucionalistas, comandadas por Álvaro Obregón, habían conseguido llegar a la capital del país. Huerta había renunciado; el viejo y orgulloso ejército federal aceptaba su desmantelamiento; la burocracia federal que quedaba era sustituida por nuevos funcionarios adictos al constitucionalismo, la corriente revolucionaria que había ganado la carrera en llegar al centro político de la nación. La disolución del ejército federal, convenida en los Acuerdos de Teoloyucan, simbolizó la destrucción del Estado nacional, consolidado durante el largo gobierno de Porfirio Díaz, que había resistido hasta entonces el embate de la revolución y cuya última línea de defensa había sido la dictadura huertista.
Sin embargo, a pesar del triunfo revolucionario, la construcción de un nuevo poder nacional apenas comenzaba. En la lucha contra el régimen de Huerta se habían constituido tres grandes movimientos sociales y políticos regionales, que dieron lugar a tres ejércitos populares con sus propios liderazgos y proyectos. Entre 1913 y 1914 la lucha revolucionaria provocó el colapso, el desmantelamiento del Estado nacional y la ruptura y fragmentación de la soberanía. El derrumbe del poder soberano fue provocado por la irrupción de nuevos poderes regionales, que representaban estados regionales emergentes en las zonas controladas por las tres principales fracciones revolucionarias. El constitucionalismo carrancista dominaba Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Sonora, Sinaloa y partes del centro y occidente del país; el villismo era amo y señor de Chihuahua y Durango; el zapatismo, por su parte, controlaba Morelos, Guerrero y los municipios colindantes del Estado de México y Puebla, así como partes de Tlaxcala y el sur del Distrito Federal. En esas regiones cada una de las fracciones tenía el control del territorio y de la población, ejercían el gobierno y la administración pública, tenían su propio ejército, dirigían la economía o tenían en su poder las principales actividades productivas y comerciales, administraban la justicia e incluso, acuñaban su propia moneda. Tenían pues el monopolio de la violencia, y el dominio del territorio, de la población, del gobierno, de la justicia y de la economía. Eran, en suma, tres estados regionales emergentes que, una vez que se derrotó al régimen de Huerta, aspiraban a establecer su hegemonía a nivel nacional y a restituir el poder soberano destruido por la revolución.