Aita Tettauen by Benito Pérez Galdós — Read

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Quedose meditabundo Santiuste, la barba en la palma de la mano, el mirar fijo en las rayas de la mesa. Alarcón, retirado el cabo de vela ya moribundo, erigió un cabo más grande, que casi era sargento, en la boca de la botella. Quitose luego el ros; se lió un largo pañuelo en la cabeza con muchas vueltas, quedando las orejas tapadas, y de un estuche que a prevención tenía, sacó papeles, tintero y pluma. «Ha sonado la hora -dijo a su amigo, poniéndole la mano en el hombro-; la hora del descanso para ti; para mí, del cumplimiento del deber».

-¿No duermes tú, Pedro?

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