Crónica de la conquista de Granada

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La extrema necesidad que padecian los de Málaga, y el peligro de que cayese esta hermosa ciudad en poder de los cristianos, tenian llenos de temor y sentimiento á los moros de otras partes. El anciano y belicoso Rey Muley Audalla, el Zagal, estaba aun en Guadix, procurando rehacer poco á poco su desbaratado ejército, cuando supo la situacion crítica en que se hallaba aquella plaza. Animado por las exhortaciones de los alfaquís, y dejándose llevar de su aficion á la guerra, determinó socorrer á Málaga, y con la fuerza que tenia disponible envió allá un capitan escogido para que entrase en la ciudad.

El Rey chico Boabdil, noticioso de este movimiento, y dispuesto siempre á hostilizar á su tio, despachó una fuerza superior de á pié y de á caballo para interceptar los socorros. Trabóse un combate muy reñido; y las tropas del Zagal, derrotadas con mucha pérdida, se retiraron en desórden á Guadix. Ensoberbecido Boabdil con tan triste triunfo, y deseoso de acreditar su lealtad á los Soberanos de Castilla, les envió mensajeros con la noticia de esta victoria, suplicándoles le tuviesen siempre como el mas leal de sus vasallos. Asimismo envió (como regalo para la Reina) preciosas telas de seda, perfumes orientales, un vaso de oro curiosamente labrado, y una cautiva de Reveda; con cuatro caballos árabes suntuosamente enjaezados, una espada y una daga con guarniciones primorosas, muchos albornoces, y otras ropas ricamente bordadas, para el Rey.

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