Crónica de la conquista de Granada

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Toda la parte occidental del reino de Granada reconocia ya el dominio de los Reyes Católicos: el puerto de Málaga obedecia sus leyes; y los belicosos naturales de la serranía de Ronda les rendian vasallage, subyugados y sumisos: aquellas soberbias fortalezas, que tanto tiempo habian señoreado los valles de Andalucía, desplegaban ahora el estandarte de Castilla y Aragon; y las atalayas que coronaban todas las alturas, estaban desmanteladas, ó guardadas por las tropas del Rey Católico.

Mientras que en esta parte del territorio moro se establecia el imperio de los cristianos, en la parte central, que es lo que rodea á Granada, se mantenia el Rey chico Boabdil gobernando como vasallo de la corona de Castilla. Este desgraciado príncipe no perdia ocasion de propiciar á los conquistadores de su pátria con actos de sumision, y con demostraciones en que no podia tener parte el corazon. Apenas supo la toma de Málaga, envió sus mensageros á felicitar al Rey, acompañando regalos de caballos suntuosamente enjaezados, telas de seda y oro, y perfumes orientales; todo lo cual fue admitido benignamente; y Boabdil, con poca advertencia, se figuró haber ganado un lugar distinguido en los afectos de Fernando. Pero la política de Boabdil algunas ventajas, aunque pasageras, producia á sus vasallos: el territorio que reconocia su dominio estaba libre de las calamidades de la guerra; el labrador cultivaba en paz sus campos, y la vega de Granada, volviendo á florecer, se manifestaba en su primitiva lozanía. Restablecido el comercio, prosperaba el traficante, y en las puertas de la ciudad habia un tránsito continuo de caballerías cargadas con los productos de todos los climas. Pero el pueblo de Granada, aunque apreciaba estas ventajas, aborrecia en secreto los medios con que se habian conseguido, y miraban á Boabdil casi como apóstata é infiel.

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