Explore "Sangre torera" by Arturo Reyes on Textopian. Read with annotations and highlights.
La salida de la plaza fue en hombros de sus antiguos colegas, como le profetizara la Marimoña. El novel matador no había burlado las esperanzas de sus amigos: en los tres toros que le hubieron de corresponder acreditó una vez más la casi completa desnudez de arte en que estaba con el percal en la mano; pero, en cambio, ¡qué modo de plantarse entre pitón y pitón! ¡Qué modo de clavarse en el terreno del enemigo y de dormirse metiendo hierro! ¡Qué modo de vaciar el cuerpo sintiendo el asta del bruto llevarse los alamares de la reluciente taleguilla!
Lola, trémula, anhelante, embriagada de satisfacción y orgullo, seguía con mirada ávida todos los detalles de la lidia desde la grada en que en compañía de su tío, lucía su seno voluptuoso, motivo de cien y cien requiebros, procaces los más, y blanco de cien y cien miradas descaradamente codiciosas.