Explore "Historia de Gil Blas de Santillana, Volumen 3" by Alain René Le Sage on Textopian. Read with annotations and highlights.
Aunque comúnmente decimos que no tenemos mayores enemigos que nuestros criados, no hay duda en que, cuando nos son fieles y afectos, son nuestros mejores amigos. La inclinación que Escipión me había manifestado me hacía mirarle como a mi misma persona. Así, ya no hubo subordinación ni etiqueta entre Gil Blas y su secretario. Habitaron en adelante comiendo y durmiendo juntos.
La conversación de Escipión era muy divertida, y con razón se le podía haber llamado el hombre de buen humor. Además era discreto y me iba bien con sus consejos. Un día le dije: «Amigo mío, me parece no sería malo que yo escribiese al duque de Lerma; esto no puede producir mal efecto. ¿Qué te parece a ti?» «Ya estoy -- respondió -- ; pero los grandes se mudan tanto de un instante a otro, que no sé cómo recibirá vuestra carta. No obstante, soy de dictamen que no se pierde nada en que escribáis, pero con maña. Aunque el ministro os estima, no fiéis por eso en que se acordará de vos. Esta suerte de protectores fácilmente olvida a aquellos de quienes ya no oyen hablar.»