Explore "La imaginación sociológica" by C. Wright Mills on Textopian. Read with annotations and highlights.
NO ES NECESARIO que los investigadores sociales permitan que el sentido político de su trabajo sea modelado por los «accidentes» de su ambiente, o que determinen su uso los fines de otros hombres. Está perfectamente dentro de sus facultades discutir su significación y decidir de su uso como cosas de su propia incumbencia. En medida considerable, y no comprobada en gran parte, pueden influir o hasta determinar esas políticas. Tal determinación requiere que hagan juicios explícitos y tomen decisiones acerca de teoría, método y hechos. En cuanto materia de política, esos juicios son de la incumbencia propia del sabio individual así como de la fraternidad. Pero ¿no es evidente que los juicios morales y políticos implícitos tienen mucha más influencia que las discusiones explícitas de política personal y profesional? Únicamente haciendo esas influencias materia de debate político pueden los hombres tener pleno conocimiento de ellas y tratar de controlar sus consecuencias sobre la obra de la ciencia social y sobre su sentido político.
No hay modo de que un investigador social pueda evitar el hacer juicios de valor e implicarlos en el conjunto de su trabajo. Los problemas y las inquietudes se refieren a las amenazas contra los valores estimados, y no pueden ser formulados claramente sin reconocer esos valores. La investigación y los investigadores sociales son usados cada vez más para fines burocráticos e ideológicos. Siendo así, los estudiosos del hombre y de la sociedad tienen ante sí, como individuos y como profesionales, cuestiones como éstas: si conocen los usos y valores de su trabajo, si ambas cosas pueden estar sujetas a su control, si quieren tener el control de ellas. Su respuesta a esas preguntas, o su falta de respuesta, y el modo como usen o dejen de usar esas respuestas en su trabajo y en sus vidas profesionales determinan su respuesta a la pregunta final: si en su trabajo como investigadores sociales son a) moralmente autónomos, b) si están sometidos a la moral de otros hombres, o c) si en el terreno moral se dejan ir a la deriva. Las fórmulas con que estos problemas han sido enunciados -muchas veces con buenas intenciones, estoy seguro- ya no sirven. Los investigadores sociales tienen ahora que afrontar de verdad esas cuestiones decisivas. En este capítulo voy a insinuar algunas de las cosas que parece necesario tener en cuenta en toda respuesta a ellas, y también a formular el tipo de respuesta que, en los años más recientes, he llegado a creer razonable.