Una mera cuestión sentimental

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A pesar de que era la víspera de la gran carrera, ninguno de los invitados que gozaban de la hospitalidad de Lady Susan había realizado ni una sola apuesta. Lo cual no era de extrañar, pues, no en vano, aquélla estaba siendo una de esas temporadas extrañas en las que, cuando un caballo predominaba en el mercado de las apuestas, lo hacía no porque se creyese que su superioridad fuese aplastante, sino porque era extremadamente difícil escoger cualquier otro candidato en el que depositar esperanzas. Por ello, si en aquella ocasión Peradventure II era el caballo favorito, no lo era porque el público creyese en sus cualidades, sino por la escasa o nula confianza que inspiraba cada uno de sus mediocres rivales. Con el único fin de decidir dónde invertir su dinero, los mejores cerebros del mundo de las apuestas se afanaban sin descanso en la búsqueda de posibles méritos allí donde las inteligencias más corrientes no veían nada especial. De igual manera, los invitados que se habían dado cita bajo el techo de Lady Susan se hallaban poseídos por esa misma incertidumbre que llevaba meses haciendo mella en círculos más amplios y expertos.

-Una carrera como ésta, en la que no hay ningún favorito claro, es la ocasión perfecta para dar un golpe maestro -dijo Bertie van Tahn.

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