Explore "El fistol del diablo" by Manuel Payno on Textopian. Read with annotations and highlights.
¡Pobre Teresa! Cuando una esperanza dorada iluminaba un momento los umbrales de su tumba, la muerte tenaz, perseguidora de todo lo bello, de todo lo grande, de todo lo espléndido en la tierra, vino a tocarla con su mano inexorable y fría. Las flores, las mujeres hermosas, los valientes guerreros, los filósofos, los. sabios, todo a su vez es sumergido y arrebatado por la muerte. En pos también del capitán, quiere que los que iban a ser esposos felices, tengan, como Julieta y Romeo, sus fiestas nupciales en la incomprensible eternidad.
Luego que salió el capitán de la puerta de la hacienda, al llamado, según recordará el lector, de una carta anónima, cuya letra no pudo reconocer, dio dos azotes al caballo, y a escape tomó la calzada que conducía al camino real de San Luis. Habría andado cosa de un cuarto de legua, cuando de una mota, como llaman los rancheros a los grupos de arbustos, salieron dos hombres; uno de ellos tiró el lazo al capitán, y otro al mozo José, con tan buen éxito, que antes que uno y otro pudiesen meter mano a sus armas ya habían caído al suelo. El caballo de José, que era todavía bronco y de dos riendas, asustado brincó, tiró algunas coces y echó a correr, pero de otra mota salió un tercer ranchero, lo lazó, y lo condujo al grupo. El caballo de Manuel, noble, manso y bien enseñado, apenas sintió que caía el jinete, cuando se sentó sobre los cuartos traseros, abrió sus anchas narices, y comenzó a mirar espantado a su amo y a los que le rodeaban.