Explore "La Alhambra" by Manuel Fernández y González on Textopian. Read with annotations and highlights.
La culebra siguió diciendo á su amigo el lagarto:
-- Entre tanto, el buen Abraham, que habia dejado de llorar de repente, y se habia sentido inflamar por un fuego dulce y desconocido, olvidó enteramente á su protector, y saliendo del cementerio montó en su asno, y se volvió hácia un lugar donde le llamaba una fuerza misteriosa que le atraia, le atraia, sin que fuese poderoso á contrarestarla y sin saber á dónde.