Explore "El escándalo" by Pedro Antonio de Alarcón on Textopian. Read with annotations and highlights.
-Creo adivinar la razón de que me haya usted pedido que le hable más de Lázaro. Parécele a usted imposible que un hombre que tan lúcidamente discernía el bien y el mal dejase de ser un santo, y hasta imagino que ha sentido usted ya hacia él aquella simpatía que inspiraba al principio a todo el mundo, y a que no fuimos ajenos Diego y yo durante algunos meses… Pues oiga usted, y ¡admírese del grado de hipocresía a que puede llegar un hombre!
Diego y yo, no obstante lo muy consagrados que estábamos el uno al otro, veíamos frecuentemente a Lázaro, con quien habíamos intimado… todo lo que se podía intimar con él. Digo esto último, porque era cada vez más misterioso, no hablaba nunca de sí, salía muy poco de su casa, y hasta creímos comprender que no le agradaba se le visitase en ella. Pero él nos buscaba a nosotros cada dos o tres días, yendo por la mañana al Colegio de San Carlos, o por la tarde a mi estudio, donde Diego estaba casi siempre viéndome modelar el barro o labrar la piedra de mis esculturas… , y nunca nos dedicaba menos de un par de horas.