Explore "Lo viejo y lo nuevo" by Rafael Barrett on Textopian. Read with annotations and highlights.
No todos los argumentos de los que defienden el pasado merecen nuestra estima. Hay quien venera lo viejo porque de lo viejo vive, a semejanza de esos gusanos que roen madera descompuesta y papel de archivo. Cuanto más antigua es una ley, una costumbre, una teoría o un dogma, se los respeta más. Habiéndolos contemplado en la lontananza de los siglos que fueron, se los vislumbra en la de los futuros como una provisión inagotable que podrán roer las generaciones conservadoras.
Y, sin embargo, ¡qué pobre argumento el de la ancianidad de las ideas! Es difícil no sonreír cuando se abre un código y se lee al pie de la página la sesuda nota en que el comentarista fundamenta un artículo. «Este artículo es casi sagrado, murmura el infeliz, nos viene de las Partidas, de los Romanos». ¡Ah, los Romanos sobre todo! Pero la humanidad cambia, inventa, sueña y por lo común cuanto más vieja es una cosa, más inútil es. Lo viejo es un resto de lo bárbaro. Es un vestigio del mal, porque el mal es lo que dejamos a nuestras espaldas. Cierto que las leyes que nos encadenan son romanas aún, lo que me parece escandaloso después de dos mil años; felizmente nuestra física y nuestra biología no son las de Roma, son las nuestras.