La Muleta del ajenjo by Luis Bonafoux Quintero

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El bandido Pradines, cuya posada de Langon se conoce en Burdeos con el nombre de Posada sangrienta, por los numerosos asesinatos que cometieron en ella Pradines, su mujer Lucía y unos cuantos forajidos de la misma catadura, ha tratado de excusarse con una frase divina.

-Yo soy el mejor de los hombres -ha dicho al juez- cuando estoy en ayunas; pero si tengo una copa de más, me convierto en un demonio. ¡Maldito ajenjo!… Mire usted, señor juez; yo no comprendo que en un país civilizado no se prohíba el ajenjo, que es la llaga de las poblaciones.

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