No hay culpable by Graham Greene — Read

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Crisis siguiente: el enemigo empieza a tomar en serio a Tripp. Cae en la cuenta de que le siguen a todas partes, incluso a la soirée musical de la Anglolatészica, «una velada con Edward Germán y Vaughan Williams». Las medidas de seguridad de la señorita Jixon han exagerado un poco su eficacia y los alemanes ya no pueden echar un vistazo a los informes que Tripp envía.

Ella ha puesto reparos a la utilización del jefe de policía como transmisor, y ha desarrollado un método complejo de enviar mensajes con tinta simpática en los sellos del correo. (Hay un momento en que la señorita Jixon bordea tímidamente la posibilidad de usar mierda de pájaro como tinta secreta.) Por desgracia la tinta nunca aflora normal mente; palabras sueltas surgen y desaparecen con desconcertante rapidez.

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