El Danubio by Claudio Magris — Read

Explore "El Danubio" by Claudio Magris on Textopian. Read with annotations and highlights.

Viena. En una mesita, entre las primeras a la izquierda según se entra en el Café Central, está sentado el maniquí de Peter Altenberg, con sus ojos melancólicos y hundidos y sus famosos bigotes de morsa. Entre las mesitas ocupadas por la gente, el maniquí de Altenberg lee el periódico. Sentado cerca de él, olvido de vez en cuando que ese bigotudo e inmóvil señor, con un traje pasado de moda y un aire vagamente familiar, es falso. Como sucede con frecuencia en los cafés, echo una mirada furtiva al periódico que sostiene en la mano; es posible que sea el de hoy, el mismo que estamos leyendo nosotros, puede que un camarero se lo coloque cada mañana entre los dedos.

En estas mesitas vienesas, a principios de siglo, Peter Altenberg -el poeta sin casa, que amaba las habitaciones anónimas de los hoteles y las postales ilustradas- escribía sus parábolas fulminantes e impalpables, sus breves esbozos dedicados a esos pequeños detalles, una sombra en la cara, la ligereza de un paso, la brutalidad o la desolación de un gesto, en los cuales la vida manifiesta su gracia o su nulidad y la historia muestra sus resquebrajaduras aún imperceptibles, los indicios de un próximo ocaso. Mi vecino artificial se disimulaba en la penumbra de aquel ocaso, se ocultaba en el anonimato y en el silencio, rechazaba -condenado, en la primera posguerra, al hambre- una oferta de trabajo, diciendo que solo podía ocuparse de llevar a término su propia vida. Aquí se sentaba también Bronstein alias Trotski, tan a menudo que un ministro austríaco, informado por los servicios secretos de los preparativos revolucionarios en Rusia, había contestado, según la famosa anécdota: «¿Y quién va a hacer esa revolución en Rusia? ¿No será ese tal señor Bronstein, que se pasa el día entero en el Café Central? ».

Reading navigation