Explore "Gluck, el inimitable" by Eduardo Zamacois on Textopian. Read with annotations and highlights.
-- Desengáñate, pobre Gluck, yo no puedo deslumbrarme con las hiperbólicas ofertas de un hombre vulgar. La mujer que, como yo, levanta nueve arrobas con los dientes, no se apasiona por ningún calzafraque sin corazón. El dueño y señor de mi albedrío será más fuerte que yo, más valiente que yo.
-- ¡Adriana! -- murmuró el payaso ruborizándose.