Explore "Vida de Pedro Saputo" by Braulio Foz on Textopian. Read with annotations and highlights.
Reniego de mantillas usadas. ¿Sabes, lector, por qué yo no fui más agudo de chico y lo soy tan poco de grande? Pues no es más de que porque las mantillas con que me llevaron a bautizar y purificar se las habían puesto ya otros hermanos míos que vinieron delante y absorbieron toda su virtud. Ya se ve, como sólo se usaban dos o tres veces para cada uno duraban siempre, y con un poco de almidón y agua de fuente quedaban otra vez nuevas. ¡Qué poco le sucedió esto a Pedro Saputo! Por eso fue tan vivo y tan ingenio. Todo lo que llevaba era nuevo, y todo cosido por su madre, que es circunstancia, porque besó y mojó mil veces con lágrimas aquellas ropas; y los besos y las lágrimas de una madre son cosa muy eficaz y santa. Y todavía le ayudó mucho el ser doncella y mirarle con ojos de casada, criándole con el amor reconcentrado de madre desamparada y sola. De este modo cualquiera sería agudo. Con que no hay que admirarse de lo que se va a leer: tantas causas y tales por fuerza habían de producir grandes efectos.
La madre, como decía, le llevaba en brazos con mucha naturalidad y grandeza, y los que la miraban cuando iban por las calles decían: parece una señora. Y lo parecía de verdad. Y todos querían ver al niño y lo tomaban y dejaban; pero él, desde el punto que tuvo tres o cuatro meses, no se dejaba tomar de todos, sino de unos sí y otros no: y si le iban a besar algún hombre o mujer de malos ojos, apartaba la cabeza y volvía la cara apretándola al cuello de su madre; y si porfiaban, no lloraba como los otros niños, sino que primero vomitaba la leche y después lloraba con tristeza y no quería levantar cabeza hasta que se fuera aquella persona. Con esto decían todos que el niño de la Pupila tenía mucho talento, y su madre respondía: bien lo habrá menester, porque ni él tiene otro patrimonio ni su madre otra esperanza, a no ser que. y de aquí no pasaba.