Explore "Primer sermón" by Manuel Gutiérrez Nájera on Textopian. Read with annotations and highlights.
HACE DOS años tuve la honra de predicar en esta misma iglesia un pequeño cuaresmal, singularmente dedicado a las señoras. En esta cuaresma vuelvo al mismo púlpito y con iguales buenas intenciones. ¡Ponga Dios tiento en mi ánimo y elocuencia en mis labios, para que suplan tan eximios dones la pobreza de mi entendimiento!
Acabamos de celebrar, señoras mías, el miércoles de ceniza. A los buenos católicos nos ponen ese día una cruz en la frente, como anticipando la que más tarde o más temprano han de poner en nuestra cristiana sepultura. Se nos recuerda que polvo somos y que en polvo hemos de convertirnos; se ofrece a nuestra meditación lo efímero de la vida, la vanidad de las pompas mundanas, y lo inevitable y terrible de la muerte. Ese día de Ceniza, es un día que amanece desvelado, pobre, porque en la noche anterior gastó más de lo que podía gastar; enfermo del estómago y nublado del espíritu por penosas preocupaciones. La campana que en él repica es la del portón de la escalera, anunciando a los acreedores que suben. ¡Y qué acreedores. ! ¡La salud! ¡El amor! ¡La virtud! ¡La muerte! ¡Dios. !