Explore "La invención de América" by Edmundo O'Gorman on Textopian. Read with annotations and highlights.
Tenemos ahora a la vista una gigantesca barrera[114] atravesada de norte a sur en el espacio que separa los extremos occidentales y orientales de la Isla de la Tierra, y el problema consiste en determinar qué sentido o ser va a concederse a ese imprevisto e imprevisible ente que le había brotado al Océano. Para despejar esta incógnita debemos hacernos cargo del contenido de dos famosísimos documentos, a saber: el célebre folleto titulado Cosmographiae Introductio, publicado en 1507 por la Academia de Saint-Dié,[115] que incluyó la Lettera de Vespucio en traducción latina, y la no menos célebre y espectacular carta geográfica destinada a ilustrarlo, el mapamundi de Waldseemüller, también de 1507[116] (lámina IX).
[114]: Esta noción de las nuevas tierras como una barrera entre Europa y Asia las hizo aparecer como un estorbo para realizar el viejo y alucinante deseo de establecer fácil contacto con las riquezas del Extremo Oriente. Semejante sentimiento fue decisivo para precipitar el proceso ontológico que venimos reconstruyendo, porque operó como catálisis al forzar la atención sobre el estorbo como algo irritante que, por eso, reclama el reconocimiento de su identidad. Esto ayuda a entender por qué fue en este momento cuando surgió un interés por las nuevas tierras, pero no ya como una posible y desilusionante Asia; por qué, también, apareció entonces un menosprecio por ellas y por su naturaleza que dio lugar a ese voluminoso fenómeno histórico que he calificado en otro lugar de la "calumnia de América" (véase mi libro Fundamentos de la historia de América. México, 1942, pp. 110 ss.), y por qué, por último, la hipótesis de la unidad de las nuevas tierras como un ente geográfico distinto y separado de la Isla de la Tierra obtuvo un triunfo tan prematuro, vista la fecha tardía de su demostración empírica, a saber: la exploración de Vito Bering en el siglo XVIII.