Explore "Las noches mejicanas" by Gustave Aimard on Textopian. Read with annotations and highlights.
De esta suerte y sin cruzar una palabra galoparon hasta la puesta de sol, en cuya hora llegaron a un rancho ruinoso colocado como un centinela a orillas del camino.
El aventurero hizo un gesto, y los jinetes detuvieron a sus cabalgaduras.