Explore "Extravagancias" by Rafael Barrett on Textopian. Read with annotations and highlights.
Los hombres de ingenio y los elegantes de otras épocas han cultivado la extravagancia con un brillo que echamos de menos hoy. Los artistas, vestidos de poesía, y los dandis -poetas del traje- concentraban sus tiros sobre los burgueses y la Academia, que es la burguesía del talento. Era una brusca protesta contra la beocia circundante. Necesitaban quebrar el hielo de las conveniencias sociales, en que patinan con ridícula dignidad los filisteos; necesitaban sumergirlos de un golpe en el agua fría del asombro. Hace más de un siglo, un buck English entra en un hotel, riñe con un sirviente y lo mata; a las reclamaciones del dueño, replica que le pongan el muerto en la cuenta. Brummel, siempre squire, hipnotiza a la aristocracia inglesa y al mismo rey con la insolencia glacial de sus refinamientos de indumentaria y con su tedio exquisito. Era el tirano de los salones, donde se dignaba aparecer un instante. Se hacía charolar la suela del calzado; «si no está charolada toda la suela, decía, ¿cómo estaremos ciertos de que el canto lo está?». El humor de Brumel era odioso. Visitó una vez los lagos del norte de Inglaterra. A su regreso le preguntaron cuál le pareció más bello.
-Están muy lejos de la calle Saint James… -contestó el dandy bostezando. Pero su interlocutor insiste. Brummel entonces interroga a su criado-: Robinson, ¿cuál de los lagos me gustó más?