Explore "La gloria y el ensueño que forjó una patria, Tomo 3" by Paco Ignacio Taibo II on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuenta Juan de Dios Arias que un día "un soldado, pasando cerca de Mariano Escobedo y cuadrándose ante él, con respeto le dijo: Mi general, qué, ¿ya no nos dice usted nada? ". El reclamo apelaba a una tradición de la chinaca: el jefe era el educador político del ejército, el responable del discursos frecuente, la narración en torno a la hoguera de la fábula de la revolución liberal que lleva más de diez años en marcha, el contador de historias.
Tras el asalto a Monterrey, Escobedo siguió la táctica que hasta ahora le había funcionado, basada en la dispersión y la movilidad y con una pequeña escolta se fue hacia Matamoros donde había dejado su infantería presionando a Mejía. Hacia esa misma zona, pero del lado norteamericano, viajó también el coronel R. Clay Crawford, de Tennessee; uno de los más activos miembros de la conspiración que el general Wallace había montado para apoyar la guerra en México contra el imperio. Matamoros se había vuelto una obsesión para unos y otros, no era casual, los recursos de la aduana eran muy importantes.