Explore "La gloria y el ensueño que forjó una patria, Tomo 3" by Paco Ignacio Taibo II on Textopian. Read with annotations and highlights.
En mayo del 65 una serie de personajes del primer año de vida del imperio habrían de abandonar el país por diferentes razones. El día 2 el ministro clandestino Félix Eloin salió de Veracruz hacia Europa para cabildear cerca del Vaticano y de pasada ante el gobierno de Napoleón III, y quizá para buscar la remoción de Bazaine. Según Zamacois, Maximiliano se estaba librando de él por "las faltas que Eloin había cometido como jefe del Gabinete, eran consecuencia del poco conocimiento que tenía de los negocios; que en Francia se convencerían de que era leal, inteligente, muy adicto a México y, por consiguiente, a Francia". Poco después saldría Charles Francois Frédéric de Montholon Semonville, el embajador francés que era destinado a Washington para buscar el reconocimiento del imperio en los Estados Unidos y la neutralidad norteamericana. El 1º de junio se embarcaron en Veracruz el nuncio apostólico y el arzobispo Murguía. Era un destierro disimulado y así lo entendió el eterno conspirador Murguía, que partió sin despedirse del emperador.
Si Maximiliano pretendía mejorar sus relaciones con la Iglesia y los conservadores en México apoyándose en el Vaticano, la idea de mandar a Eloin no era muy certera porque como el propio Max decía en una carta privada, no era muy bien visto "por las intrigas y los chismes de Roma, que odiaban a Eloin, diciendo que era librepensador". El 6 de julio el ultracatólico embajador del imperio mexicano en Roma, Aguilar y Marocho, pidió a los jesuitas cantar en la iglesia de El Jesús un tedeum para celebrar el cumpleaños del emperador, a lo que los sacerdotes se negaron. Dos días más tarde el Papa desechó el proyecto de concordato que solicitaba la comisión mexicana, y suspendió las relaciones diplomáticas dejando a Aguilar y Marocho desolado. Cuando Maximiliano conoció el agravio, según Arrangoiz, comentó en público que se demostraba "la debilidad en que había caído la corte de Roma; que él era más católico que otros soberanos y no cedería a las amenazas de Roma [. ] que los arzobispos y obispos mexicanos no comprendían su época ni el verdadero catolicismo; que a muchos de ellos les faltaba un corazón cristiano; que si el Papa le excomulgaba, sería el cuarto archiduque de Austria que lo hubiera sido" y que Carlota "era más roja que él". Un mes más tarde destituiría al rector del colegio de San Ildefonso, Basilio José Arrillaga, provincial de la Compañía de Jesús. Eloin regresó a la Ciudad de México a mediados de agosto sin haber obtenido nada.