Explore "La gloria y el ensueño que forjó una patria, Tomo 3" by Paco Ignacio Taibo II on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando llegó a México, uno de sus primeros decretos, de junio del 64, fue fijar su salario como emperador con un sueldo anual de millón y medio de pesos y otros 200 mil pesos para la emperatriz Carlota (además estaba cobrando una pensión austriaca de 150 mil florines, menos 50 mil que se deducían para los gastos de Miramar), muy lejos de los 60 mil pesos anuales del presidente Juárez, que cobraba de vez en cuando. En esos años un teniente coronel del ejército ganaba 1 500 pesos anuales. Un salario, el de Max, que este narrador acostumbrado a medir el precio de la vida en bolillos y refrescos, cifra en 3 millones y medio de kilos de arroz al precio de la época. Aun así, para el año 65 se había excedido en su salario en 200 mil pesos.
Masseras cuenta: "El desorden más inconsciente en todo lo que tocaba a las cuestiones de dinero. El archiduque Maximiliano no había sabido contar nunca [. ]. Menos supo contar todavía, si es posible, el emperador de México. Él pertenecía a esa categoría de hombres nacidos exclusivamente para la vida fácil, que en la satisfacción de un deseo no conocen ningún cálculo, y hacen a un lado el cuidado del pago, suponiendo que el dinero se encuentra siempre".