Explore "Las aventuras de Tom Sawyer" by Mark Twain on Textopian. Read with annotations and highlights.
Como el lector puede suponer, la inesperada fortuna de Tom y Huck produjo una intensa conmoción en el pobre lugarejo de San Petersburgo. Tan enorme suma, toda en dinero contante, parecía cosa increíble. Se habló de ella, se soñó con ella, se la magnificó hasta que la insana excitación llegó a perturbar la cabeza de más de un vecino. Todas las casas encantadas de San Petersburgo y de los pueblos cercanos fueron disecadas tabla por tabla, y arrancados y analizados los cimientos piedra por piedra, en busca de tesoros ocultos; y no por muchachos, sino por hombres talludos, y de los más graves y menos noveleros muchos de ellos. Dondequiera que Tom y Huck se presentaban eran agasajados, despertaban la admiración y los contemplaban con embelesamiento. Los muchachos no lograban acordarse de que sus opiniones hubieran sido consideradas de peso en otro tiempo; pero ahora sus dichos se atesoraban y se repetían; todo cuanto hacían parecía ser considerado como cosa notable; era evidente que habían perdido el poder de hacer o decir cosas corrientes y adocenadas; además, se hicieron excavaciones en su historia pasada y se descubrieron en ella señales de rara originalidad. El periódico de la localidad publicó bosquejos biográficos de los dos chicos.
La viuda de Douglas colocó el dinero de Huck al seis por ciento, y otro tanto hizo el juez Thatcher con el de Tom, a instancias de tía Polly. Cada uno de ellos tenía ahora una renta que era simplemente prodigiosa: un dólar por cada día de entre semana durante todo el año, y medio los domingos. Era precisamente lo mismo que el pastor ganaba.; es decir, no era precisamente lo que le habían prometido, aunque nunca conseguía recaudarlo. Un dólar y cuarto por semana bastaba para mantener, alojar y pagar la escuela a un muchacho en aquellos inocentes días de antaño, y hasta para vestirlo y lavarlo, por añadidura.