Explore "Lola Casanova" by Francisco Rojas González on Textopian. Read with annotations and highlights.
TODO el mundo señalaba aquella casona como una de las más antiguas del puerto de Guaymas. Probablemente -se decía- sus muros fueron de los primeros en alzarse cuando la misión jesuita dejó su asiento al poblado, que creció lentamente en torno de ella.
Era la mansión de don Diego Casanova cómoda y hermosa: ventanas guardadas con rejas de forjas frondosas, enmarcadas con cantera; portón tachonado y muros labrados por la mano del indio, que había modelado perfiles de querubines con alas colombinas y caras de ídolo, igual que rosetones y ramajes, unidos unos y otros por grecas de clásico gusto aborigen; columnas de granito, sostén de arcadas y, coronando al edificio, la imagen de la Purísima dentro de un nicho estrechito y gracioso. Aquella fachada representaba en sí misma un dramático episodio de la fusión de dos artes legendarios, de dos maneras de ver y de operar la línea y de calar en el volumen, para ofrecer lugar a una nueva plástica mestiza y sorprendente. La edificación se alzaba -allá en la segunda mitad del siglo XIX- frente al mar, frente al Mar Bermejo, trapecio de olas fileteadas de encaje.