Explore "Lola Casanova" by Francisco Rojas González on Textopian. Read with annotations and highlights.
DOLORES recibió la etiquetera visita de los deudos del muchacho herido. Antes de que el sol saliera, ya estaban, frente a la estera en que yacía la blanca, el mismo mozuelo recién sanado, sus cuñados, sus padres, sus abuelos y sus hermanos. Todos demostraban frente a la Lola gran reverencia. La abuela habló a nombre de la compañía, para hacer palmario su reconocimiento hacia la poseedora del secreto de la salud y del bienestar. El acatamiento al lugar y a la persona no impidieron a los visitantes olisquear y fisgar hasta el último rincón de la cabaña, así como prodigar la indiscreción, al extremo de permitirse palpar las carnes blancas de la «hechicera», expuestas a la intimidad en que las habían sorprendido.
Los visitantes eran portadores de sendos regalos: cacharros ahumados, leznas de espinas de pescado, pieles de iguana imperfectamente adobadas, zurrones de víboras, fragmentos de pedernales y de jades, conchas de variadas formas y colores.