Explore "El Milano y las Palomas" by Félix María Samaniego on Textopian. Read with annotations and highlights.
Á las tristes Palomas un Milano, / Sin poderlas pillar, seguía en vano; / Mas él á todas horas / Servía de lacayo á estas señoras.
Un día, en fin, hambriento é ingenioso, / Así las dice:-¿Amáis vuestro reposo, / Vuestra seguridad y conveniencia? / Pues creedme en mi conciencia: / En lugar de ser yo vuestro enemigo, / Desde ahora me obligo, / Si la banda por rey me aclama luego, / A tenerla en sosiego, / Sin que de garra ó pico tema agravio; / Pues tocante á la paz seré un Octavio.- / Las sencillas Palomas consintieron: / Aclámanlo por rey: ¡Viva, dijeron, / Nuestro rey el Milano! / Sin esperar á más, este tirano / Sobre un vasallo mísero se planta: / Déjale con el viva en la garganta; / Y continuando así sus tiranías, / Acabó con el reino en cuatro días.
Quien al poder se acoja de un malvado, / Será, en vez de feliz, un desdichado.