Bajo las lilas by Louisa May Alcott — Read

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Grande fue el duelo causado por la pérdida de Sancho, porque tanto sus virtudes como sus habilidades eran queridas y admiradas por todos. La señorita Celia puso avisos reclamándolo y Thorny ofreció una gratificación a quien lo devolviese, y hasta el rudo Pat dirigió miradas inquisidoras a cuanto perro lanudo encontraba en el camino cuando iba al mercado. Pero ni rastros del animal se veían por ninguna parte. Ben estaba inconsolable y muy enojado, le lijo a Bab que bien merecido tenía lo que le ocurría cuando ésta comenzó a sentir los efectos del venenoso cornejo en las manos y la cara. La pobre Bab también lo pensó así y no se atrevió a esperar compasión de nadie, aunque Thorny, muy diligente, se había apresurado a recomendarles fomentos con hojas le llantén, y Betty, compungida, le ponía las hojas mojadas sobre las ronchas. Este tratamiento fue tan eficaz que bien pronto la paciente volvió a ocupar, como antes, su puesto en las reuniones. Pero para el mal de Ben no había remedio y el muchacho sufría inmensamente.

-No parece que este bien esto de que yo deba soportar tantas perdidas. Primero papá y ahora Sancho. Si no fuera por la señorita Celia y por Lita, no sé si podría soportarlo -dijo cierto día, en un acceso de desesperación, una semana después de que hubiera ocurrido el triste suceso.

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