Explore "Ulises criollo" by José Vasconcelos on Textopian. Read with annotations and highlights.
Las vecinas de los bajos nos seguían tratando con hostilidad. Provocadas por nuestro propio olvido del derecho ajeno, durante fiestecillas y charlas, se ponían ellas a conversar a gritos pasada la medianoche quitándonos el sueño. Para castigarlas ideamos unas visitas de espantos. Por la escalera interior subimos a la azotea un monigote improvisado con una sábana y un palo en cruz. Suspendiéndolo de un cordel tendido de un pretil a otro de la azotea lo deslizamos avanzada ya la noche. Al principio lo hicimos con tal prudencia que nadie sospechó de nosotros. El fantasma cruzó apenas y la suspensión momentánea de las conversaciones de abajo nos hizo comprender que había sido visto. Sin insistir más, lo recogimos y bajamos a nuestras habitaciones, absteniéndonos de prender la luz, metiéndonos en la cama hasta el día siguiente.
Dos o tres días después nos llegó el rumor de que unas mujeres habían visto un alma en pena que se paseaba por enfrente de la vivienda de los estudiantes. Ante las criadas de casa y a efecto de que supiese lo que decíamos, afirmamos que no había tales espantos y que todo eso eran vulgaridades propias de ignorantes. Y esa misma noche, con suma cautela, repetimos calladamente la treta, con más éxito que la vez primera, provocando ahora gritos y exclamaciones que nos pusieron en peligro de estallar de risa.