Explore "El último judío" by Noah Gordon on Textopian. Read with annotations and highlights.
Yonah era un muchacho criado en la ciudad. Estaba familiarizado con las granjas de Toledo y algunas veces había ordeñado las cabras de su tío Arón, había alimentado y pastoreado el rebaño, había cortado heno y había ayudado en la matanza o en la elaboración del queso. Era fuerte y muy alto para su edad, y casi parecía un adulto. Sin embargo, jamás había conocido los duros ciclos cotidianos del esfuerzo incesante que constituyen la principal característica de la vida en el campo, por lo que, durante sus primeras semanas de trabajo en la hacienda de Carnero de Palma, notó que sus entumecidos miembros se quejaban. Los hombres más jóvenes trabajaban como bueyes y se encargaban de las tareas que eran demasiado duras para los que ya tenían el cuerpo debilitado por los muchos años de agotador esfuerzo. Sus músculos no tardaron en endurecerse y desarrollarse y, con el rostro bronceado por el sol, su aspecto ya no se distinguía del de cualquier otro.
Recelaba de todo el mundo, cualquier detalle nimio lo asustaba, sabía que era muy vulnerable y temía que alguien le robara el asno. Durante el día lo ataba en algún lugar en el que pudiera verlo mientras trabajaba. Por la noche, dormía con el asno en un rincón del espacioso establo y experimentaba la extraña sensación de que el animal lo protegía como si fuera un perro guardián.