Crimen y castigo by Fyodor Dostoevsky — Read

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Aunque Raskolnikoff tenía sus preocupaciones y disgustos, había defendido valientemente la causa de la joven Sonia contra Ludjin. Aparte del interés que le inspiraba la joven, había aprovechado con gusto, después de los tormentos de por la mañana, la impresión de sacudir impresiones que se le hacían insoportables. Por otro lado, su próxima entrevista con Sonia le preocupaba y aun le aterraba por momentos. Tenía que revelarle que había matado a Isabel, y presintiendo todo lo que esta confesión tendría de penosa, se esforzaba por apartar de ella el pensamiento.

Cuando al salir de casa de Catalina Ivanovna, había exclamado: "Veremos, Sonia Semenovna, lo que piensas ahora", era el combatiente animado por la lucha, excitado aún por su victoria sobre Ludjin, el que había pronunciado aquella frase de desafío; pero, cosa singular, cuando llegó a la casa de Kapernumoff, su seguridad le abandonó de repente, dejando el puesto al temor. Se detuvo indeciso ante la puerta y se preguntó: "¿Será preciso decir que he matado a Isabel?" La pregunta era extraña, porque en el momento en que él se la hacía comprendía la imposibilidad, no solamente de no hacer esta confesión, sino aun la de diferirla un minuto.

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