Explore "Cómo hicimos la Revolución Rusa" by Leon Trotsky on Textopian. Read with annotations and highlights.
Entretanto, la situación interna se complicaba. La guerra proseguía sin objetivo, sin dirección, sin perspectiva. No se veía que el gobierno diese pasos para salir de aquel círculo vicioso. El plan grotesco de enviar a Skobelev para que intentase influir en París sobre los imperialismos aliados, era tal que nadie daba la menor importancia a esa medida. Kornilov entregó la ciudad de Riga a los alemanes para alarmar a la opinión pública y aprovecharse de la coyuntura estableciendo una disciplina de hierro en el ejército. La amenaza que se cernía sobre Petrogrado era bien vista por los elementos de la clase media, con evidente malignidad. Rodzianko[70], antiguo presidente de la Duma, decía abiertamente que la entrega de la desmoralizada Petrogrado a los alemanes, no sería una pérdida lamentable. Y se refería al caso de Riga, en donde los alemanes disolvieron los soviets y restablecieron el orden más estricto con ayuda de la antigua policía. Cierto que se perdería la flota del Báltico, pero la flota del Báltico estaba desmoralizada por la propaganda revolucionaria, y esto disminuiría la importancia de aquella pérdida. Tal cinismo en labios del charlatán «gran señor» era una expresión fiel de los ocultos pensamientos de la burguesía. La entrega de Petrogrado no sería su pérdida pues por el tratado de paz la devolverían y entretanto el militarismo alemán ejercería su acción disciplinaria. La revolución quedaría decapitada y no habría dificultades para dominarla.
El gobierno de Kerensky no tenía la Intención de resistir en la capital y se preparaba a la opinión para que aceptase la entrega de Petrogrado. Las oficinas públicas se trasladaban a Moscú y a otras ciudades.