Llevados de su mano by Jorge Mario Bergoglio

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La feliz coincidencia de comenzar esta Asamblea en la solemnidad de Nuestra Señora de Luján, patrona de nuestra Patria, dirige nuestro corazón hacia la Palabra de Jesús antes de morir: "Aquí tienes a tu madre", recordándonos, a la vez, la calidez maternal de María para con nosotros. "Una humilde imagen de su limpia y pura Concepción se quedó milagrosamente en la Villa de Luján como signo de su maternal protección del pueblo peregrinante en Argentina" (prefacio de la misa) y esto para ser "llevados de su mano" (ibid) hacia el Señor. Nuestra Madre se hace cargo de nuestra pequeñez y nos toma de la mano. Nuestra Madre que, "elevada a la gloria de los cielos, acompaña a la Iglesia peregrina con amor materno, y con bondad cuida sus pasos hacia la patria, hasta que llegue el día glorioso del Señor" (prefacio de la misa de Santa María, Madre de la Iglesia). Nuestra Madre quien, a lo largo de este camino, no cesa de repetirnos como en Caná: "Hagan lo que Él les diga" (Jn 2, 5).

Comenzamos, pues, nuestra Asamblea contemplando a nuestra Madre de Luján; no solamente a Ella sino a Ella en medio de sus hijos. Nos hará bien, como pastores, meternos en medio de este pueblo al que pertenecemos, del que fuimos escogidos para el servicio y, como pueblo fiel de Dios, acercarnos a la Madre. Ese pueblo que afluye continuamente a Luján y a tantos otros Santuarios marianos del país, nos muestra sus necesidades, su búsqueda de Dios, sus carencias y gozos más hondos, y nos pide que lo ayudemos a encontrarse y dejarse encontrar con Jesús. Caminemos en medio de él y pidamos la gracia de ser "pastores con olor a oveja". Nos hará bien repetir, a modo de jaculatoria, lo que imploramos en la Oración Colecta: "Mira, Señor, la fidelidad de tu pueblo" y suplicarle al Padre que –como pueblo– nos haga más fieles, más hijos suyos, más seguidores de Jesús.

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