El prisionero de Zenda by Antonio Hope — Read

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La situación en que me hallaba no era por cierto muy favorable para entrar en hondas meditaciones. Sin embargo, no dejé de reconocer y decirme que el nuevo proyecto de Henzar, por infame que fuese, significaba una ventaja para mí; la de situarlo al lado opuesto del foso, separado por lo tanto del Rey. No sería culpa mía si lograba regresar a la otra orilla. Los restantes con quienes tenía que habérmelas eran tres: dos de guardia y De Gautet dormido. ¡Ah, si hubiera tenido las llaves en mi poder! Con ellas lo hubiera arriesgado todo y atacado a Dechard y Bersonín antes de que sus secuaces pudieran acudir en su auxilio.

Pero, por lo pronto, me veía forzado a esperar que la llegada de mi gente llamase la atención de los que tenían las llaves, o de algunos de ellos, induciéndoles a cruzar el puente y ponerse a mi alcance. Esperé cinco minutos más que me parecieron media hora, y entonces empezó el próximo acto en aquel drama de tan inesperadas cuanto rápidas escenas.

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