Diálogo de Mercurio y Carón by Alfonso de Valdés

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MERCURIO.- ¿Dónde hallaría yo ahora a Carón para holgarme un rato con él y quitarlo de la congoja en que el cuidado debe estar? Porque si ha sabido cómo el rey de Francia desafió tan contra razón y justicia al Emperador, queriendo combatir con él de persona a persona, y cuán liberalmente el Emperador aceptó el combate, pudiéndolo por muchas y muy claras razones rehusar, sin duda alguna él estará desesperado, creyendo y aun teniendo por cierto que si estos dos príncipes viniesen a combatir, el rey de Francia con la mala causa que tiene, quedaría o muerto o preso en el campo, y el Emperador, quedando victorioso, pondría luego fin a las guerras de la cristiandad como hizo después de la victoria de Pavia. Y hallándose el mezquino haber comprado aquella galera que por merced que Dios le haga, si no le vienen muchas venturas de las que ahora, con tantos franceses como han muerto en Nápoles, le han venido en estos dos años no acabará de pagar, bien podéis pensar en qué confusión el buen marinero se hallará. Por esto, querría saber dónde está y librarlo de este trabajo. He ido a la barca y no lo hallo, en la galera mucho menos. También he rodeado estos campos de una parte y de otra; he corrido toda esta ribera. No he dejado a Plutón, a Proserpina a Minos, a Eaco. A todos he preguntado y ninguno me sabe dar nuevas de él. De manera que ya no sé adónde a tal hora me lo vaya a buscar, si por dicha no estuviese el bellaco en algún bodegón con las Furias banqueteando. Mas, no es nada servidor de damas. ¿Qué había de hacer allá? ¿Qué digo yo? Quizá estará procurando con ellas que vayan a estorbar este combate. Mas no, que las Furias con Proserpina están. Pues Alastor no está acá, que ahora poco ha lo dejé yo en Francia. ¿Dónde iré? Quiero dar voces, porque quizá está tras algún árbol durmiendo. ¿Carón?, ¿Carón?, ¿Carón? No responde. ¿Carón?, ¿Carón?, ¿Carón? No aprovecha nada. Sin duda se ha echado en la laguna de desesperado. Mas, no lo tengo yo por tan necio.

CARÓN.- Oigo voces de hacia la ribera. No sé quién me llama. Ya, ya. Mercurio es aquél. ¿Qué me quiere? Quizá piensa que no sé cómo han de combatir el Emperador de los cristianos y el rey de Francia y querrá venir a darme estas malas nuevas. No sé si me vaya allá o si me esconda, que parte de prudencia es no querer hombre oír cosa de que sabe haber de recibir pesar, si no lo puede remediar; mas, visto me ha y viene hacia acá volando.

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