Explore "Mrs. Packletide y el tigre" by Hector Hugh Munro on Textopian. Read with annotations and highlights.
La mayor ilusión que Mrs. Packletide tenía en este mundo era cazar un tigre. No obstante, aquello no quería decir que la invadiese un irreprimible deseo de matar, o que creyese que cuando abandonase la India lo haría dejando tras de sí un lugar más seguro y civilizado que el que había encontrado al llegar por el simple hecho de dejar una fiera menos en el país. El motivo que de verdad la había impulsado tan de repente a acariciar aquella idea era el hecho de que Loona Bimberton hubiese volado recientemente once millas en avión en compañía de un aviador argelino y no hiciese más que alardear de ello ante todo el mundo. Frente a tal contingencia, solamente una piel de tigre cazada por ella misma y una buena cantidad de fotos en la prensa que celebrasen el evento podrían llegar a contrarrestar satisfactoriamente aquella situación. Mrs. Packletide tenía ya incluso planeado el banquete que daría en su casa de Curzon Street en honor, como no podía ser menos, de Loona Bimberton, y en el que no faltaría una buena alfombra de piel de tigre que acaparase toda la atención y que fuese el principal tema de conversación de todo el mundo. Había llegado incluso a diseñar mentalmente un broche que mandaría hacer con una de las garras de aquel tigre. Broche que, por cierto, tenía pensado regalar a Loona Bimberton con motivo de su próximo cumpleaños.
Todo ello venía a demostrar que, en un mundo en el que los motivos fundamentales que se supone mueven a los hombres son el hambre y el amor, Mrs. Packletide constituía toda una excepción. Cada uno de sus actos y de sus pensamientos se regía principalmente por la antipatía y la envidia que sentía hacia Loona Bimberton.