Explore "El odio" by Rafael Barrett on Textopian. Read with annotations and highlights.
Hay odios que no son más que amor. Cuando Zola, en el primer arranque de su talento titánico, escribió el famoso artículo Mes haines, que es una fulmínea imprecación a los imbéciles y a los hipócritas, demostró heroico amor a la ciencia y a la sinceridad.
Benvenuto Cellini discutía escultura a puñaladas en las calles de Florencia. Su puñal estaba tan enamorado al defenderla belleza, como su cincel al retratarla. Delante de Napoleón no había enemigos que aniquilar, ni aborrecimientos que estrangular, sino problemas que resolver. «Para un espíritu superior, decía el sublime combinador de batallas, no existen más que hechos». Napoleón amaba la guerra sin odiar a nadie. Los grandes ambiciosos, nacidos del pueblo para apoderarse del pueblo, fueron grandes amantes de sí mismos. Su vitalidad desbocada engendró el sueño insolente de la gloria, y con fanatismo profético transfiguraron su destino en leyendas deslumbradoras. ¿Quién cuenta las víctimas anónimas del tirano que funda naciones? Su mano ensangrentada es venerable. Su espada y su látigo son reliquias. Sólo el amor arraiga y procrea.