Explore "La cimitarra de Buda" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
La pirámide de Choé-Madú, erigida en honor del dios del oro hace 2300 años, según dicen los historiadores peguanos, es un monumento de dimensiones gigantescas, construido con ladrillos y cal, de una altura de casi trescientos setenta y dos pies. Su base está formada por dos anchas plataformas superpuestas, la primera de tres metros y medio de altura y la segunda de seis metros, con una hermosa escalinata por delante. Sobre estas dos plataformas, que forman dos paralelogramos, se levantan cinco pirámides, cuatro en los ángulos, pequeñas, coronadas por un bizarro cono; la quinta es altísima, colosal, con ocho caras que en su base miden más de cincuenta y cuatro metros de anchura. Alrededor de esta gran pirámide destacan dos escalones muy anchos, el primero sostenido por cincuenta y siete columnas piramidales de nueve metros de altura, y el segundo con otras tantas columnas también piramidales, pero un poco más pequeñas. Después de estos dos escalones, que parecen dos grandes salientes, la pirámide se eleva estrechándose gradualmente y forma, cerca de su cima, una especie de torre, la cual está coronada primero por dos extrañas campanas invertidas, construidas no obstante en ladrillo, y después por una especie de parasol de hierro dorado, adornado con cadenillas y campanillas, de una altura de dieciocho metros, y construido en Amarapura por orden del emperador Minderagi. Alrededor de todo el monumento se elevan elegantísimos monasterios, sostenidos por esbeltas columnas doradas, pintados y con los tejados arqueados. Desde ellos vigilan centenares de raham y talapoini. Algo más lejos, el terreno está sembrado de astas de ciervo dispuestas de forma caprichosa, escabeles de piedra sobre los cuales los fíeles depositan sus ofertas de arroz, almendras o coco, frutas y dulces, y numerosísimas estatuas de madera, de cobre, plata e incluso de oro. Por último, todavía más lejos, suspendidas por cuatro columnas, se ven tres gruesas campanas, que de vez en cuando dejan oír su tañido.
Tal era la pirámide de Choé-Madú, en la cual se escondía la famosa Cimitarra de Buda y que los cuatro aventureros, ayudados por los malayos, se disponían a asaltar.