Explore "La cimitarra de Buda" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
El primero en despertarse fue el polaco. Había dormido muy mal y toda la noche estuvo soñando encuentros con la guardia, fugas, persecuciones y disparos de fusil y pistola. El bravo muchacho se frotó los músculos doloridos por lo incómodo del sueño, bostezó un par de veces para despabilarse por completo, y después, muy despacio para no despertar a sus amigos que roncaban beatíficamente, salió con las manos en los bolsillos, como un pacífico habitante de la Ciudad de los inmortales que sale de su casa a respirar una bocanada de aire fresco. La ciudad, que la noche anterior parecía totalmente despoblada, estaba animadísima, hasta tal punto que el polaco se sintió aturdido. Los treinta y cinco mil habitantes parecía que fuesen setenta mil. Se veían pasar por calles y callejas grupos de cien y doscientas personas, todos vestidos extravagantemente, y no pocos con cierto lujo. En el muelle reinaba gran animación, y era un ir y venir continuado de barqueros, soldados, mercaderes, cargadores, y no cesaban de llegar y partir embarcaciones de todo tipo y dimensiones. El griterío era ensordecedor: aquí, allá, en el río, en las cabañas, en las terrazas, gritos, órdenes, canciones, que, todo junto, formaba un fragor parecido al rugido del mar en día de tormenta,
-¡Cuerpo de una lombarda! -exclamó el buen muchacho. Se diría que esta ciudad es una segunda Cantón.