Explore "El Libro De Los Amores Ridículos" by Milan Kundera on Textopian. Read with annotations and highlights.
No estaba enfadado, al contrario, la visitante no había hecho más que confirmar su identidad durante la discusión; en su protesta contra las frases pesimistas (¿acaso no era ante todo una protesta contra la fealdad y el mal gusto?) la reconocía tal como la había conocido y de ese modo su mente estaba cada vez más llena del antiguo aspecto de ella y de su antigua historia común y lo único que deseaba era que nada interrumpiese aquel ambiente azul, tan propicio a la conversación (por eso le acarició la mano y dijo que era un tonto), para poder hablarle de lo que en ese momento le parecía lo más importante: su historia común, estaba convencido de que habían vivido juntos algo muy especial, algo que ella desconocía y para lo que él mismo tendrá que esforzarse si quiere encontrar las palabras precisas.
Ya ni siquiera recuerda cómo la conoció, seguramente apareció alguna vez en compañía de sus amigos de la Facultad, pero del cafetín praguense en el que estuvieron solos por primera vez se acuerda perfectamente: estaba sentado frente a ella en un silloncito de terciopelo, angustiado y silencioso, pero al mismo tiempo totalmente embriagado por las tenues señales con las que ponía de manifiesto su simpatía hacia él. Después había estado tratando de imaginar (aunque no se atrevía a creer que lo que imaginaba pudiese convertirse en realidad) qué aspecto tendría si la besase, la desnudase y le hiciese el amor, pero no lo conseguía. Sí, era curioso: mil veces intentó imaginársela haciendo el amor, pero fue en vano: la cara de ella seguía mirándolo con su sonrisa tranquila y suave y él era incapaz (ni con el mayor esfuerzo de su imaginación) de ver cómo se torcía en el gesto de la exaltación amorosa. Ella escapaba por completo a su capacidad imaginativa.