Historia de las izquierdas en España (1789-2022)

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En septiembre de 1868 tuvo lugar la revolución "gloriosa", calificativo que se le atribuyó por haber cambiado el rumbo político del país sin cataclismos violentos, aunque no hay que olvidar que triunfó mediante la fuerza de militares pronunciados y, sobre todo, de ciudadanos armados en la milicia (Voluntarios de la Libertad), ciudad por ciudad. Miles y miles de personas se lanzaron a las calles para aclamar a los nuevos líderes políticos, progresistas y republicanos, que, constituidos en juntas soberanas, forzaron el exilio de una dinastía que se había encapsulado en camarillas corruptas. Por primera vez en España se proclamó por doquier que los derechos humanos eran "imprescriptibles, inalienables e ilegislables", que la soberanía era nacional solo si era popular y democrática, que la cultura era tan libre como plural, que toda la sociedad debía organizarse sobre principios de justicia y organización equitativa de esa riqueza definida como nacional, pero siempre acaparada por unos pocos. En concreto, las exigencias del "Pueblo" sumaban asuntos sociales (derecho a la asociación, reparto de tierras y fiscalidad progresiva) con reivindicaciones políticas (voto de todos los varones, igualdad en el servicio militar y en el acceso a cargos y libertad de culto).

Sin embargo, semejantes expectativas tuvieron más dificultades de las previstas. España estaba en pleno despliegue de los factores de desarrollo capitalista y abrir las compuertas de las libertades supuso nuevos torrentes de propuestas y de aspiraciones. Muchas de ellas, nuevas y revolucionarias. Otras, apegadas al pasado, pero con una extraordinaria capacidad para convertirse en fuerza militar, como fue el carlismo. En otros casos la libertad inauguró el camino de la independencia, como ocurrió en las Antillas. Así, los nuevos Gobiernos se encontraron primero con la guerra en Cuba y luego con las partidas y posterior organización de otra guerra civil por parte de los carlistas: dos guerras que impidieron reformar el servicio militar, además de los costes y lógicas alteraciones que supusieron. A esto se sumó la estrategia insurreccional del nuevo Partido Republicano Federal, que recogió, sin duda, las esperanzas sociales amasadas en décadas anteriores, pero que ahora saltaron a la luz pública con incesantes amotinamientos de grave violencia social. Por lo demás, la propia idea de federación aplicada al Estado generó un debate organizativo tan denso que todavía seguimos hoy (en el siglo XXI) enraizados en bastantes de las cuestiones suscitadas en aquellos años.

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